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El mundo no está listo para afrontar una nueva pandemia, según advierte la Organización Mundial de la Salud tras el fracaso de los países en cerrar a tiempo un acuerdo clave sobre cómo responder a futuras crisis sanitarias globales. El bloqueo en las negociaciones del tratado internacional de pandemias —especialmente en el sistema de reparto de vacunas y tratamientos— deja al sistema global en una situación similar a la que existía antes del Covid-19.
El retraso afecta al llamado mecanismo de acceso a patógenos y reparto de beneficios (PABS), una pieza central del acuerdo. Sin este sistema plenamente definido, el tratado no puede entrar en vigor de forma efectiva. Y eso, según expertos y responsables sanitarios internacionales, implica un riesgo evidente: si mañana surge un nuevo virus, la respuesta global volvería a ser lenta, desigual y descoordinada.
Las advertencias llegan de dos figuras clave en la gobernanza sanitaria global: Ellen Johnson Sirleaf y Helen Clark, copresidentas del panel independiente de la OMS que analizó la respuesta internacional al Covid-19. Ambas han sido contundentes en su diagnóstico: “Si surgiera hoy un nuevo patógeno, el mundo seguiría estando en gran medida desprevenido”, aseguran en un comunicado del que se hizo eco el diario The Guardian.
El panel ya concluyó hace cinco años que millones de vidas podrían haberse salvado con una respuesta más rápida y coordinada durante la pandemia. Ahora, el retraso en el tratado refuerza esa misma preocupación.
El principal punto de conflicto es el sistema PABS (Pathogen Access and Benefit Sharing). Este mecanismo busca establecer reglas claras sobre, cómo los países comparten muestras de virus o bacterias peligrosas, qué reciben a cambio (vacunas, tratamientos, tecnología) y qué obligaciones tienen las farmacéuticas.
El problema es político y económico. Los países en desarrollo reclaman garantías firmes, como el acceso equitativo a vacunas y medicamentos y las obligaciones claras para las compañías farmacéuticas.
Mientras, varios países europeos y desarrollados defienden un modelo más flexible, con parte de los compromisos voluntarios, argumentando que imponer condiciones estrictas podría frenar la investigación y la innovación.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reforzado el mensaje advirtiendo que “la próxima pandemia es cuestión de cuándo, no de si ocurrirá”. Por eso ha pedido a los países que aceleren las negociaciones “con sentido de urgencia”. Sin embargo, el calendario actual refleja lo contrario: los negociadores ya han deslizado que el acuerdo sobre el sistema PABS podría no cerrarse hasta 2027, dos años más tarde de lo previsto.
El tratado global sobre pandemias fue aprobado en mayo de 2025 tras más de cuatro años de negociaciones. Se presentó como un avance histórico para la salud pública global, especialmente en un contexto marcado por la fragmentación de la cooperación internacional, la salida de EEUU de la OMS y la desconfianza entre países.
Pero ese avance quedó incompleto. El elemento más controvertido —el sistema PABS— se relegó a un anexo pendiente de negociación. Y sin ese anexo, el tratado no puede desplegar todo su potencial. Además, el acuerdo solo entrará en vigor cuando al menos 60 países lo ratifiquen, y ni siquiera está abierto aún a firma hasta que se resuelva ese punto clave.
Otro factor que ha frenado el proceso es la desinformación. Durante las negociaciones han circulado mensajes falsos, especialmente en redes sociales, que aseguraban que el tratado implicaría ceder soberanía nacional a la OMS. Estas narrativas han alimentado la desconfianza entre gobiernos y han complicado aún más un proceso ya tensionado por los intereses económicos y geopolíticos.
El escenario actual dibuja un “lienzo” donde el mundo ha avanzado desde el Covid-19, pero no lo suficiente. Existe un marco global en construcción, hay consenso en la necesidad de cooperación, pero faltan acuerdos concretos en los puntos críticos.
La consecuencia es que si surge una nueva pandemia en el corto plazo, la comunidad internacional podría volver a enfrentarse a los mismos problemas: retrasos, desigualdad en el acceso a vacunas y falta de coordinación.
La Covid-19 dejó un impacto enorme: la OMS estimó 14,9 millones de muertes en 2020 y 2021 por exceso de mortalidad, muy por encima de los 5,4 millones de fallecimientos notificados oficialmente en ese periodo. Hasta agosto de 2023 se habían contabilizado más de 692 millones de casos confirmados y alrededor de 7 millones de fallecidos en el mundo.
Pero también dejó cifras de esperanza y reacción rápida: para enero de 2023, al menos 5.294 millones de personas habían recibido una dosis de vacuna, lo que representaba aproximadamente el 66% de la población mundial. Esa vacunación masiva fue clave para reducir la gravedad de la enfermedad, aunque no evitó completamente las olas posteriores.
Written by: Huffington Post
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