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El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX y comienzos del XXI, ha fallecido este sábado a los 96 años en la ciudad alemana de Starnberg, según ha informado su editorial Suhrkamp Verlag en un comunicado que cita a su familia. Autor de Teoría de la acción comunicativa, fue una figura clave de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort.
Considerado uno de los grandes teóricos de la democracia contemporánea, Habermas fue una figura central de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort. Su pensamiento marcó el debate intelectual durante décadas gracias a una obra centrada en la ética, la filosofía política y la teoría social, además de una intensa presencia pública como intelectual que intervenía con frecuencia en debates políticos y culturales.
Su contribución más influyente fue el desarrollo de la ética discursiva, también conocida como ética del diálogo o ética de la comunicación, elaborada junto al filósofo Karl-Otto Apel. Esta teoría sostiene que las normas morales solo pueden considerarse legítimas si surgen de un proceso de diálogo racional entre ciudadanos libres e iguales.
Habermas inició su carrera académica en los años cincuenta en el Instituto de Investigación Social, centro asociado a la Escuela de Fráncfort, donde trabajó junto al filósofo Theodor W. Adorno.
En 1961 se doctoró en la Universidad de Marburgo con la obra La transformación estructural de la esfera pública, un estudio que se convirtió en referencia para comprender cómo se forma la opinión pública en las democracias modernas.
Su trayectoria académica continuó en la Universidad de Heidelberg, antes de asumir en 1964 la cátedra de Filosofía y Sociología que había ocupado Max Horkheimer en la Universidad Goethe de Fráncfort.
De su conferencia inaugural surgiría uno de sus textos más conocidos, Conocimiento e interés, donde analiza la relación entre ciencia, conocimiento y sociedad.
Durante las protestas estudiantiles de finales de los años sesenta, Habermas fue percibido como cercano a las demandas del movimiento, aunque se mostró crítico con su deriva más radical.
Entre 1971 y 1981 dirigió el Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida del Mundo Científico‑Técnico, situado en Starnberg, cerca de Múnich.
En su último año al frente del instituto publicó la que muchos consideran su obra principal: Teoría de la acción comunicativa. En este trabajo planteó una ambiciosa teoría social basada en la idea de que la comunicación racional es el fundamento de la vida democrática y de la cooperación social.
Habermas defendía que las sociedades modernas solo pueden sostenerse si las decisiones colectivas se apoyan en procesos de discusión pública abiertos, donde los argumentos pesen más que el poder.
Tras esta etapa regresó a la Universidad de Fráncfort en 1983, donde volvió a ocupar una cátedra de Filosofía hasta su jubilación en 1994.
A diferencia de muchos filósofos académicos, Habermas mantuvo siempre una presencia activa en el debate público. Durante décadas intervino en cuestiones políticas y sociales que marcaron Europa.
Entre otros temas, opinó sobre la Guerra de Kosovo, los dilemas éticos de la investigación científica —como el estudio del cerebro— o los conflictos religiosos en las sociedades contemporáneas.
Su compromiso con la democracia estuvo marcado por su propia experiencia histórica. Habermas nació en 1929 en Gummersbach, cerca de Colonia. Durante su adolescencia fue incorporado a las Juventudes Hitlerianas, como muchos jóvenes de su generación, aunque nunca llegó a participar en la guerra.
El impacto del totalitarismo nazi marcaría profundamente su pensamiento. Esa experiencia lo llevó a desarrollar una defensa firme de la democracia y una desconfianza constante hacia las sociedades que no afrontan críticamente su pasado.
En sus últimos años vivió en Starnberg, a orillas del lago del mismo nombre. Incluso en la vejez siguió participando en debates políticos e intelectuales.
Una característica personal que marcó su vida fue una fisura palatina congénita, que le dificultaba el habla. Aun así, su presencia en conferencias y debates públicos fue constante durante décadas.
Con su muerte desaparece uno de los últimos grandes filósofos públicos europeos, cuya obra influyó en disciplinas como la sociología, la teoría política, el derecho y la filosofía moral.
Written by: Huffington Post
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